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Marlene Pulido es, además de una profesional, una mujer de familia. Aprendió de sus padres a valorar el estudio y el trabajo, pero también la cercanía, la atención y la disposición al servicio y el cuidado, lo que le ha transmitido a sus hijos. Admira en otras personas la capacidad de aceptar errores, pedir perdón y aceptar ayuda, la congruencia y la autenticidad, así como a quienes en el día a día son capaces de superarse y motivarse por medio de actos de “micro-valentía”.

Es socia directiva de Franklin Covey en Guatemala, la cual se enfoca en asesorar empresas en la transformación de su cultura organizacional y guiar a las personas en el desarrollo de hábitos y habilidades para el propio desarrollo. Además, fundó, junto a Eugenia Mata, Alinea, una empresa especializada en la inteligencia emocional. Ha sido a través de la experiencia de acompañar a una amplia diversidad de personas en procesos de cambio personal y profesional que se ha centrado cada vez más en la importancia de la inteligencia emocional. Comparte sobre este tema en diferentes ambientes, desde espacios corporativos hasta con padres de familia y grupos de estudiantes. “No importa la edad que tengamos, la situación que estemos atravesando, o a lo que nos dediquemos profesionalmente, siempre hay un espacio de oportunidad para desarrollar nuestra inteligencia emocional y esto impacta positivamente en nuestro bienestar”, apunta Marlene, quien ha encontrado en estas ideas no solo un pilar de vida sino una vocación. Es así como, dice, busca trascender y “dejar huella”.

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La gestión de las propias emociones es una de las habilidades más importantes en una época tan compleja como la actual, incluyendo los efectos de la pandemia reciente. Dentro de los pilares de la inteligencia emocional, Marlene resalta la empatía, la cual define como “la capacidad de comprender a la otra persona… de percibir la experiencia subjetiva que está atravesando la otra persona”. Esta capacidad tiene que ver con reconocer las emociones de los y las demás y tomarlas en cuenta a la hora de interactuar, es decir, ser sensibles a otras personas. Es por ello por lo que ésta es clave para fortalecer vínculos, cultivar relaciones sanas, tener buena comunicación y una mayor tolerancia a situaciones sociales especialmente desafiantes; situaciones en las que no nos tomamos el tiempo para prestar a tención a quienes nos rodean por estar sumergidas en la rutina diaria y las exigencias del trabajo o los estudios. Cuando nos relacionamos con las personas de manera abierta y honesta y escuchamos atentamente lo que otras personas dicen, y la manera que lo hacen, también somos capaces de abandonar prejuicios y percepciones erróneas, aumentando nuestra capacidad de empatía. Para fortalecer la empatía dentro del ámbito familiar, Marlene apunta que una guía es la frase: “tu alegría me alegra y tu dolor me duele”. A esta última agrega también la cita, “solo podemos dar lo que tenemos dentro de nosotros”, la cual le sirve como recordatorio de la importancia de seguirse formando para apoyar a otras personas para convertirse “en la mejor versión de sí mismas”. Esto, dice, es fundamental para “poder hacerle frente de forma más asertiva a las situaciones de la vida y a elevar el nivel de satisfacción tanto personal como profesional”, lo que identifica con el concepto de alinearse.

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Quizás todo lo anterior no tendría el alcance e impacto que tiene de no ser por la fuerte convicción de Marlene en el cambio constante y la enorme capacidad humana de transformación y crecimiento, las cuales no tienen que ver solo con nociones de éxito y liderazgo profesional sino, y quizás principalmente, con la vida personal, que incluye la esfera espiritual. Para ella los hábitos de cuestionamiento, análisis, crítica constructiva y aprendizaje que cultiva en su cotidianidad están ligados con la confianza, la paz y la serenidad que la vida espiritual le brinda. “Mi familia es mi motor y lo que me motiva a vivir y a trabajar desde un equilibrio personal”, agrega.

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Cuando entendemos que la incertidumbre y el cambio son parte de la vida, la flexibilidad y la capacidad de adaptación de hacen también parte de nosotras. Se trata, así, de conseguir un equilibrio que se refleja en una mente clara y calmada capaz de enfrentar de manera asertiva lo que se nos presenta. Esta perspectiva le ha dado a Marlene un sentido de plenitud, la experiencia constante de satisfacción y realización que busca contagiar en otros y otras. El sentirse completa y complacida con su vida tiene que ver también con llevar una vida intencionada, guiando sus distintos roles por un propósito significativo, un reto considerable en tiempos en los que la norma parece ser la de un estado automático. A esto responde con el mantra: “donde están tus pies, que este tu mente y tu corazón”. Este automatismo es cultivado por el tipo de compromiso que las redes sociales requieren en la actualidad por lo que el uso de la tecnología requiere, como ella dice, “mucha educación, conciencia y responsabilidad”. La oración, el tiempo con su familia, el ejercicio físico, la motivación en el trabajo, el descanso y la amistad son diferentes momentos en los cuales es posible cultivar el estar presentes, el agradecimiento y la humildad. Como le dijo alguien un día: “Que tu paz interior no sea negociable”. Y como ella misma lo practica, no tiene que ver solo con saber la teoría sino hacer de esta visión una forma de existencia.

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A través de su trabajo y la manera como en general se relaciona con otras personas y situaciones, Marlene espera inspirar a otras mujeres de la forma como otras la inspiran a ella. Mujeres que viven la vida con gozo, que se valoran y también son comprensivas con ellas mismas, sobre todo en un ambiente donde a las mujeres se les suele exigir mucho más y se les cultiva un sentido de inadecuación o insuficiencia. No se trata de compararse sino de ser genuinas y que la propia vida tenga un sentido. Es a partir de esto que Marlene les extiende a otras mujeres la invitación a desarrollar un diálogo interior, prestando atención a la manera en que se hablan a sí mismas. Este se convierte en un diálogo interno positivo, basado en el amor propio, que no cae en el juicio o la crítica negativa. Es un hábito que requiere de la escucha activa que, por medio del silencio constructivo, les permite también a otros y otras expresarse y abrirse fortaleciendo las relaciones.

 

 

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Créditos: Joyería: C’Santos Zapatos: Pretty Ballerinas, Lentes: Trends Eyewear, Fotografía: Javier Asturias.

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