Sylvia Gereda Valenzuela

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Periodista.

Ciudad de Guatemala.

¿A qué te dedicas? Soy periodista.

¿Qué significa ser mujer para ti? Ser mujer en una época como la que me tocó vivir ha sido un desafío. Estudié periodismo en Bogotá, a finales de los 80. Para mí ha sido un reto innovar e incursionar en un mundo que, hasta los años 90, era totalmente de hombres y ver que se pueden conquistar espacios relevantes cuando tienes pasión por lo que haces.

¿Qué significa ser chapina para ti? Significa el reto de haber nacido en uno de los países más extraordinarios del mundo, único en diversidad, único en sociedad. El guatemalteco es noble y bueno. Con esas características tenemos un país que ha sufrido mucho y una sociedad que aún sangra y llora. Sin embargo, si mezclas lo positivo y lo negativo consigues una mutación extraordinaria donde crecen grandes proyectos.

¿Qué crees que tienen las mujeres guatemaltecas que no tienen otras mujeres? Aunque somos una sociedad totalmente machista, también somos una sociedad matriarcal.

Nombra a una mujer que admires. Por la fuerza de su palabra, la Madre Teresa de Calcuta, independientemente del lado religioso, debemos tenerla de referente pues se enfrentó al mundo de la miseria y lo imposible. Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Estados Unidos, que tiene una historia asombrosa.

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¿Qué es lo que no puedes encontrar en otra parte del mundo y encuentras en Guatemala? Diversidad extraordinaria, una sociedad que ha estado paralizada pero con ganas de crecer. Este es el país de las oportunidades. Hay grandes desigualdades pero es cuestión de tiempo tener generaciones que nos guíen, que se involucren y generen esos cambios.

¿Qué querías ser cuando eras niña? Siempre he sido una persona extrovertida, inquieta. Estudiaba en el Colegio Monte María y colaboraba con el periódico escolar, “La Estrella”. Cuando partí a estudiar a Bogotá era la época en que arreciaba el narcotráfico, con Pablo Escobar. Ver a un grupo de colombianos comprometidos, periodistas que arriesgaban su vida y jóvenes que marcaban el punto de inflexión, que no se rendían, marcó mi misión de vida.

Nombra la mayor lección que aprendiste en tu área de trabajo. A lo largo de mi carrera he conocido lo más perverso, lo más terrible, lo más doloroso y sucio del ser humano, pero también a los humanos más fascinantes y maravillosos. He visto presidentes entrar por la puerta grande y salir por la puerta trasera del Palacio Nacional. La vida es un camino donde a veces estás arriba y a veces abajo, lo principal es servir, ser humilde y acoplarse a los tiempos que se viven.

¿Cuál fue el mayor sacrificio que hiciste cuando empezabas tu carrera? Nunca he visto mi carrera como sacrificio. Sin embargo, hacer periodismo de investigación no siempre es un camino de rosas, recibí muchas amenazas, y cuando iniciaron mis hijas tenían 2, 4, y 6 años. Me tocó anteponer la seguridad de mi familia, la estabilidad de mi hogar, sabiendo que tenía un compromiso con el país.

¿Qué es lo que más te apasiona de tu trabajo? Darle voz a los que no tienen, ese es el gran reto. Cuando comprendes que eres un instrumento, que la vida te da la oportunidad de ser autoparlante para poder trasladar las historias, contar lo que nadie dice, ser la voz de muchos que no han podido expresarse, esa es la satisfacción más grande.

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