Olivia de la Fuente: el arte de crear, servir y construir un legado
El interés por la cocina de Olivia de la Fuente puede rastrearse hasta la casa de su abuela, un espacio donde los aromas, la hospitalidad y la magia de crear se entrelazaban de forma natural. Fue allí donde descubrió que cocinar no era simplemente preparar alimentos, sino transformar materias primas en experiencias capaces de reunir a las personas y crear recuerdos. Su abuela, una gran anfitriona, le inculcó el arte de servir bien y el valor de compartir, una enseñanza que marcó su forma de entender la gastronomía.
Desde muy joven, Olivia supo que la cocina sería su camino. No solo por el placer de crear, sino por la posibilidad de ofrecer algo propio a los demás. La cocina se convirtió en una poderosa conexión entre varias generaciones y en un espacio donde podía expresar creatividad, sensibilidad y vocación de servicio.
Al graduarse del colegio, viajó al noreste de Estados Unidos para estudiar para Chef Ejecutivo en Artes Culinarias y Negocios Gastronómicos en la Universidad de Newberry, en Boston, Massachusetts. Allí recibió una formación integral que le permitió comprender la cocina desde una perspectiva profesional y empresarial. Al finalizar sus estudios, trabajó en el emblemático restaurante Top of the Hub, donde enfrentó los desafíos reales de la alta gastronomía y aprendió la disciplina, precisión y exigencia que caracterizan a las grandes cocinas del mundo.
De regreso en Guatemala emprendió su primer negocio de catering. Este proyecto no solo le permitió darse a conocer en el mercado, sino que también se convirtió en el punto de partida de una historia familiar. Su hermano Roberto, aún estudiante de bachillerato, comenzó a acompañarla en largas jornadas de trabajo y, al igual que ella años atrás con su abuela, descubrió que la cocina también sería su vocación.
Poco tiempo después, Olivia se casó y se mudó con su esposo a una hacienda cafetalera. En ese entorno encontró una nueva inspiración, desarrollando los platos que servirían como base para lo que más tarde sería el primer menú del restaurante Clio’s. En esta etapa nacieron sus tres hijos, un período que, aunque implicó una pausa profesional, le permitió soñar, planificar y madurar una visión más amplia de su futuro gastronómico.
Cuando sus hijos alcanzaron la edad para iniciar sus estudios, Olivia regresó a la ciudad lista para retomar su proyecto de vida. Para entonces, Roberto había completado su formación culinaria en el extranjero y trabajaba en un restaurante en Boston. Decidió regresar a Guatemala para emprender un proyecto propio y compartió esa decisión con su hermana, quien se sumó sin dudarlo. Juntos comenzaron a dar forma a Clio’s, un restaurante clásico francés que buscaba elevar el nivel de la oferta gastronómica local.
Las primeras creaciones nacieron en la cocina de la casa de Olivia y ambos combinaron su formación internacional con una visión clara de excelencia. Clio’s pronto se convirtió en una experiencia que transportaba a sus clientes a Francia, con platillos refinados, técnicas cuidadas y una propuesta inédita en el mercado guatemalteco.
La exigencia que definía a Olivia siempre fue autoimpuesta. Su estándar no estaba marcado por la competencia, sino por una convicción profunda de que cada detalle debía ser impecable. Incluso sus viajes familiares se transformaban en excursiones culinarias, en las que compartía con los suyos su pasión por descubrir sabores, técnicas y culturas gastronómicas.
En ese proceso, Roberto se casó con Tatiana Avilés, quien se integró de inmediato al proyecto y se convirtió en una pieza clave del éxito de Clio’s. Tatiana aportó una sensibilidad especial por la hospitalidad y el servicio, elevando la experiencia del cliente y consolidando la identidad del grupo.
Hoy en día, cuando mira hacia atrás reconoce que perseverar en su deseo por trabajar ha valido completamente la pena. Sus hijos, que ya han terminado la universidad, le han expresado su admiración por lo duro que ha trabajó por llevar a cabo su sueño. La perseverancia y la innovación constante han sido ingredientes clave, ambas guiadas por la confianza de Olivia en su pasión. La complicidad que tiene con su hermano le permite notar que ambos comparten la misma inquietud creativa y gracias a esta han logrado darle varios giros al negocio, tomando en cuenta lo que está sucediendo en el mundo, que está siempre cambiando como todos nosotros. Quizá parte del éxito de Clio’s también puede atribuirse a la versatilidad que los hermanos han tenido para desenvolverse en todas las diversas áreas que son necesarias para hacer funcionar el negocio, siempre involucrándose y participando de manera horizontal en todas las áreas.
Actualmente, el trabajo de Olivia se ha expandido también a la producción de ideas que tengan que ver con la renovación de los espacios, de la creación de menús, de las recetas, de los servicios e incluso de la creación del contenido para las redes de Clio’s. Olivia se ha convertido en la encargada de visualizar los modelos de negocio. Esto ha implicado nuevos retos grandes que pueden resultar exhaustivos. De hecho, amigas cercanas le han preguntado por qué sigue haciendo más proyectos o por qué no baja la guardia un poco. Ante estas opiniones, Olivia —y también Roberto— piensa que es porque su trabajo no es una obligación o un motivo de pesadez, más bien, es aquello en lo que encuentra alegría. Por más complicado que pueda ser su rol, Clio’s es un sueño que sigue en proceso y que Olivia sigue cultivando para materializarlo en nuevos lugares.
La herencia culinaria también floreció en la siguiente generación. Isabel, la hija menor de Olivia, decidió desde temprana edad seguir los pasos de su madre y su tío. Se formó en el Institute of Culinary Education en Nueva York y trabajando en el restaurante Daniel con el chef Daniel Boulud. Más adelante trabajó en Bachour, en Miami, bajo la guía del chef Antonio Bachour y, más tarde, obtuvo un Máster en Repostería en el Basque Culinary Center de San Sebastián. Al graduarse, logró una plaza en el restaurante Lasarte de tres estrellas Michelin en Barcelona, trabajando con los chefs Martín Berasategui y Xavi Donnay.
Olivia también habla de una herencia de pasión. Una parte muy importante en todo este camino ha sido su esposo, que desde el primer día la apoyó, involucrándose de modos diversos para que pudiera lograr su sueño. Por ejemplo, al ser un apasionado de los vinos, se encargó de realizar la carta de vinos. La dinámica familiar ha sido una oportunidad para que todos aprendan de sabores, de comida, de ideas y de restaurantes. Esto ha alimentado mucho más el amor de Olivia por las posibilidades experimentales que tiene la comida y ha hecho crecer su búsqueda de inspiración. Esta es la herencia de pasión que, incluso sin querer, se ha ido transmitiendo a los diferentes miembros de su familia.
Hoy, Olivia, Roberto, Tatiana e Isabel convergen en el Grupo Culinario Clio’s, una empresa gastronómica consolidada que opera cuatro restaurantes, cuatro tiendas gourmet, un sólido servicio de catering y una de las propuestas más reconocidas en bodas y eventos a gran escala del país. En esta sinergia, cada uno aporta una pieza esencial: Olivia pone la creatividad y la estructura; Roberto lidera la empresarialidad y la ejecución; Tatiana define la hospitalidad y el servicio; e Isabel aporta la vanguardia y la precisión dulce.
El mundo amplio de la cocina es una invitación a atender a otros modos de vida que nos nutren y nos hacen… y nosotros a ellos. Se trata de encontrar formas de cocinar con ingredientes que están cerca de nosotros y a los que hay que prestar atención para descubrir formas de relacionarse con estos de maneras distintas. Partiendo de una actitud de asombro, Olivia ha llegado a ver de otro modo vegetales, frutas y granos que podríamos considerar comunes o sencillos. Se trata de prestar atención a la manera en que un ingrediente se entrelaza con el lugar de donde viene y los impactos que tiene para quienes se ven afectados por él. Un ejemplo de ello es la manera en que los higos llegaron a convertirse en uno de los productos estrella dentro de La Tienda de Clio’s. Encontrar el higo que comprarían y quién podía venderlo fue una cuestión de gran importancia para Olivia y Roberto. Ambos realizaron una investigación para entender primero cómo es que existía el higo en Guatemala y por qué. En medio de esta búsqueda, encontraron a un señor que lo cultivaba como parte de una herencia que venía desde hacía tres generaciones atrás. Su abuelo había sembrado los árboles de higo y luego sus padres, hasta llegar a él. La historia que escucharon de este hombre fue el factor definitivo para que decidieran comprarle y, desde entonces, mantienen este vínculo que, más que ser una transacción comercial, se ha convertido en la participación de una relación mucho más amplia que involucra la historia de aquella familia. Este también es el caso de la miel que se emplea en la tienda, ya que proviene de una comunidad conformada por familias que se ven beneficiadas por la compra.
Lo que comenzó en la cocina de una abuela hoy es un grupo culinario con identidad propia y proyección internacional. Pero la clave más profunda de su éxito no está solo en sus restaurantes, tiendas o eventos, sino en su gente. En Clio’s, cada miembro del equipo es parte de una gran familia que comparte la pasión por la comida y por el servir, una visión común de excelencia y una ética profesional inquebrantable. Esa cultura es lo que permite que cada experiencia Clio’s sea auténtica, cálida y memorable, y es lo que asegura que este legado continúe creciendo, generación tras generación.

