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Según INACIF, 33 delitos sexuales se han reportado diariamente en la ciudad de Guatemala. Yo fui una de ellas.

POR MARÍA GABRIELA CAMACHO DE RODAS

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Fotografía: Marcela Polo


“Nos maravillamos de la belleza de la mariposa, pero raras veces admitimos los cambios que ha tenido que atravesar para alcanzar esa belleza”. MAYA ANGELOU.


En el mundo y nuestra historia, las mujeres hemos logrado cambios significativos a través de una lucha constante y un empuje que nos ha llevado a darnos nuestro lugar dentro de la sociedad. Por años y a lo largo de generaciones, nos hemos abierto la brecha a través del logro de los derechos al voto, la equidad en condiciones de trabajo y la liberación sexual. Existen pioneras que se han posicionado en los ámbitos políticos, deportivos, artísticos, sociales, científicos y de la moda.

Es fascinante observar cómo hemos utilizado nuestra voz y el no conformismo para lograr cambios que en otras épocas se consideraban impensables. Hoy, por ejemplo, existen más mujeres actuando dentro del mundo del arte o reclamando medallas durante los Juegos Olímpicos de Río.

Y sin embargo aún existe un tema que nos concierne a todas, como madres, hijas, empresarias y estudiantes, y como mujeres, ya que es parte del respeto a nuestra dignidad, a nuestros cuerpos, a nuestra libertad: la violencia sexual.

Es un tema del que no se habla, ya sea por tabú, miedo o estigma. Sin embargo lo que no se habla, no se discute y lo que no se discute, no se soluciona. Lo peor de todo es que no son únicamente los perpetuadores quienes callan y se esconden, sino aún más las víctimas.

Este es un tema que pocas veces crea solidaridad entre nosotras y si no logramos esa solidaridad, ¿cómo podremos hacer que el mundo vuelva a ver este problema? ¿Cómo podremos atacarlo si se sigue viendo como un acto degradante que a todos les incomoda hablar y muy pocos se atreven a tocar? Sí, nos incomoda admitirlo, escucharlo y nos excusamos en no saber actuar frente a esta situación, así ¿cómo tendremos el valor de hablar de ello y comenzar a liberar a las víctimas y cambiar el estigma que esto conlleva?

Mi nombre es María Gabriela Camacho, esposa, madre, empresaria y sobre todo, mujer. Tengo 29 años y hace doce años fui violada.

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Fotografía: Marcela Polo

El 31 de agosto de 2004, a las ocho de la noche, un grupo de hombres entraron a mi casa abruptamente a robar. Allí nos encontrábamos mi mamá y yo, mientras que a ella la amenazaban de muerte, a mí me violaron. Mi vida desde ese día cambió para siempre. Esa noche, pasé de ser una niña con sueños, a una mujer desubicada, sin sueños y con un terrible secreto que no podía contar por ser considerado “tabú”.

Aunque no lo creas, poder escribir esas líneas, esa frase, esa palabra, conlleva muchísimos años de sanación y trabajo de aceptar lo que ocurrió, además de liberarme a través de esa aceptación y perdón. Y hoy, poderlo contar abiertamente en la revista que dirijo me otorga una voz que pretende darle una cara al tema y motivar a muchas mujeres más para que no sientan vergüenza de lo que les ocurrió. Fue algo terrible, pero no tiene que marcarlas para siempre ni hacerlas sentir de menos como mujeres, ni mucho menos, como personas.


De acuerdo al registro de la PDH, Guatemala es el departamento con más casos de delitos sexuales.


Es extraño cómo las personas creen conocerte. Creen que porque tienes una revista de moda, o representas tu marca debes estar vestida impecable todos los días, o porque mantienes una sonrisa en el rostro, que tu vida es y ha sido perfecta. Aún así, no ocupo este espacio para contar una historia trágica, ese relato que escuchan las personas con asombro y se dicen a sí mismas: “Yo no quisiera ser ella”. No. Vengo a contarles, a través de este espacio y esta voz, que si hablamos de ello y le quitamos los estigmas, tenemos el poder de iniciar un cambio positivo en nuestra sociedad.

No te estoy contando esta historia para que me comprendas o mucho menos me tengas lástima. Lo hago porque la violación es una de las peores formas de discriminación femenina, el peor de los abusos a tu dignidad humana y una denigración hacia la mujer; y el silencio, el miedo y la vergüenza que te ocasiona un suceso como este, terminan de agravar y aislar a la víctima. Es un tema que pasa diariamente en Guatemala pero de alguna forma sigue en silencio.

Es triste observar como la mayoría de veces te miran como una víctima y no como una sobreviviente. Desde que te levantas después de este suceso, la lucha por recuperar tu vida comienza. Ese instante en que debes comenzar a volver a pegarte pedazo a pedazo y entiendes lo que sucedió, algo dentro de tu alma no vuelve a ser nunca como lo era antes. Se marca un antes y un después, en mi caso encontré que en mí podían vivir dos personas. Una era la niña que se había apagado esa noche y la presente, una mujer callada, silenciosa y pensativa. Alguien a quien no conocía y que de alguna forma ese día, después de este suceso había nacido en mí.

Esto no se olvida o compone. No hay medicinas que apaguen un dolor como este. Eres tú en contra de ti, o a favor de ti. No dejas de pensar en lo que pasó, en lo que te hicieron, el miedo vive en ti pero sobre todo tu cuerpo, tu mente y tu ser comienzan a tener memoria propia. Las consecuencias de la violación quedan marcadas más allá de las heridas físicas y atacan principalmente el amor propio y el estima que tenías por ti misma.

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Fotografía: Marcela Polo

El proceso de recuperación es lento y silencioso. Nadie te puede ayudar, nadie te puede llevar al lugar en donde puedes comenzar a recordar quien eras, a donde puedes reírte sin sentirte culpable y sentir que te estas traicionando a ti misma. Donde escuchar bromas de violación y roces de personas extrañas en tu piel te recuerdan cada instante de lo ocurrido y te hacen revivir el miedo y la impotencia de un suceso como este.

Para mí, lo peor fueron las siguientes horas y lo que me ha costado superar han sido las secuelas de lo que ocurrió. Esos momentos secundarios al suceso son los que te marcan para siempre. Las miradas de las enfermeras, la lástima escondida y el silencio permanente te dejan claro que ante las demás mujeres estás en otra categoría. Como si ser violada significa que ya no eres igual a las demás. El estigma que queda enraizado en nuestra sociedad por ser una víctima de violación hace que la vergüenza calle uno de los problemas más grandes.


21 mil 232 reconocimientos médicos por delito sexual entre el 1 de enero de 2012 al 31 de marzo de 2015; de la estadística 18 mil 794 correspondían a mujeres y 2 mil 438 a hombres.


Guatemala no tiene un proceso claro de apoyo a la víctima, existen los kits de emergencia que son claves para comprobar que fuiste abusada sexualmente. Sin embargo el procedimiento para constatar que la violación ocurrió no es algo fácil. Esa habitación en la que debes volver a desnudarte frente a hombres y mujeres totalmente desconocidos que entran al cuarto del hospital con un doctor y un evaluador a tomarte las muestras parece o revive lo que ya has pasado. Hasta ese día, a mí nadie me había visto desnuda, jamás había ido donde un ginecólogo y esa noche no solamente ocurrió en mi casa por hombres extraños, sino seguía ocurriendo después en esa habitación del hospital con médicos y personas del Ministerio Público. Recuerdo muy bien cómo cerré los ojos y volví a distanciarme de mi cuerpo. Existir sin estar.

Al día siguiente el levantarme con dolor en la cintura, piernas y ver los rasgos de la pita plástica con la que fui amarrada, fueron los signos que me regresaron a la realidad y entendí que la adolescente que ayer existía, se había ido para siempre. La que quedó fue alguien nueva. Alguien insegura y con miedo. El silencio de la gente a mi alrededor, el no hablar sobre lo que me pasó, el tener que tomar pastillas contra el VIH y un cóctel de otras más para prevenir cualquier contagio de otras enfermedades, además de guardar el secreto diariamente e intentar llevar una vida normal, fue una carga con la que debía luchar día a día. De alguna forma no quería que nadie se enterara, me sentía de menos, me avergonzaba de lo que me había pasado.

Cuando sufres una enfermedad tienes a todos para apoyarte. Sin embargo, cuando te violan, ni tus amigas tienen las palabras indicadas para hablarte, ni tampoco para escucharte. Y lo más triste de todo es que quienes sobreviven esto, lo ocultan como el más profundo de sus secretos y esto hace que encontrar a personas del mismo testimonio de vida sea casi imposible. Sanar es un proceso y estas heridas se quedan grabadas en el alma.

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Fotografía: Marcela Polo

Pero también te puedo decir que 12 años después, esto también puede traer consecuencias positivas para tu vida, ya que de alguna forma extraña te da un fuego interno que antes no existía y que si lo sabes enfocar, te mostrará una vida mejor que la que algún día te imaginaste tener antes de que esto ocurriera. Este año, 12 años después, puedo decirte que todavía me tomo el día para meditar y recordar a esa otra versión de mí que dejó de existir ese día. Antes la extrañaba, era más seguro ser ella. Pero en los últimos años he comenzado a disfrutar de quien soy, en quien me convertí y veo con felicidad cómo mi vida es todo lo que yo quería cuando tenía 17.

Te quiero contar que si me he atrevido a hablar de esto, es porque he logrado encontrar la ayuda necesaria y el amor en mí misma para decidir terminar con el último punto que necesitaba: hablar. Contarlo y decirle al mundo que he sobrevivido, que me ha cambiado de adentro hacia fuera y que he encontrado una vida feliz. Que sanar es posible y si tu también lo has vivido, necesito que lo sepas.

Por primera vez estoy tomando el control de algo que en su momento no estuvo en mis manos, le estoy dando un sentido para mí y para muchas otras mujeres que lo han vivido como yo. Quiero que veas que está bien hablar, está bien decirle al mundo que algo te ha pasado, pero que es más importante contar que una vida feliz es posible después de algo como ello.

Así llegamos a este siguiente paso. La razón por la que he decidido hablarlo y publicarlo: quiero dejar atrás el miedo o la vergüenza y comenzar a cambiar lo que un día me daba miedo. Hoy quiero que todos tengan claro que si hablamos de la violación, si comenzamos a ponerle caras entenderemos que Guatemala necesita su atención. Guatemala necesita enfrentar que más de 33 mujeres son violadas a diario en la ciudad capital y este número se basa únicamente en los casos que son declarados.

Hablemos de ello. Hablemos de violación. Quitemos el miedo y el tabú, abramos nuestro conocimiento para comprender mejor esta situación y cómo poder ayudar a alguien que pasó por esto. Si la sobreviviente recibe el cuidado indicado, el amor y el entendimiento, su proceso de sanación y recuperación a una vida normal será más rápido.

 

COMENCEMOS CON LO MÁS IMPORTANTE:

» La violación es un acto violento en donde una mujer o un hombre se ven forzados a tener relaciones sexuales o a prestar su cuerpo para que otro ser humano tenga placer con ello.

» La violación física se supera de forma relativamente rápida. El cuerpo sana, pero la mente y el alma no.

» La sobreviviente no busca o llama la atención para provocar al agresor. El agresor sobrepasa los límites aceptados por la persona sin el consentimiento de la víctima.

» La violación es un acto físico que puede que se cometa tanto de forma abrupta, como de forma pasiva y lentamente de una persona que agrede la dignidad física de otra.

» Lastimosamente se enseña de generación en generación.

» Está arraigada en nuestra sociedad.

» La historia de Guatemala está llena de estos casos.

LA MUJER GUATEMALTECA ESTÁ ACOSTUMBRADA A CALLAR.

¿Qué siente una víctima de violación?

Se siente sucia y sin valor, lo cual facilita la entrada a un proceso de depresión. Se siente sola, aislada, sin que nadie la comprenda. Se siente culpable de no haber corrido, culpable de haber provocado, culpable por no haber podido hacer nada. Siente miedo. Quiere amor, apoyo y aunque no esté dispuesta a recibirlo, abrazos y contacto físico positivo. Está en duelo de quién era, de su vida anterior al suceso y se siente insegura.

¿Qué puedes hacer si conoces a alguien que ha pasado por algo así?

Primero que nada muéstrale tu cariño y apoyo. No digas nada más de lo que no sepas y recuérdale de forma constante y sin hablar mucho lo importante que es ella para su vida. Si puedes, regálale una mascota. Necesita reencontrar el sentido del amor. Explicado desde la psicología, un perro, por ejemplo, te da compañía, amor y construyes un vínculo con otro ser que da amor de una forma desinteresada.

Aunque te cueste creerlo, una dieta sana y balanceada la ayudará a sentir las emociones correctas, comenzar a digerir el duelo y recuperarse. Busca darle contacto físico positivo, los masajes son una excelente opción. Motívala a encontrar el amor, amar y ser amada es la forma más directa de sanar.

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Fotografía: Marcela Polo

Andrea Bonilla, sexóloga y psicóloga nos cuenta que las consecuencias luego de una violación: “Dependen de muchos factores; desde la edad, la relación que tiene con quien comete la agresión, dónde se refugia la mente, qué tanto apoyo recibió después de la violación, género, la cantidad de veces que ocurre, bajo qué condiciones ocurrió, personalidad de la víctima e incluso creencias religiosas y culturales”. Nos explica que las secuelas que deja una violación, generalmente (ya que varían según el caso de cada persona) son:

» Confianza traicionada.
» Imagen negativa de sí mismo.
» Disociación del cuerpo.
» Disociación de la mente (ver el hecho desde fuera).

»Estrés post trauma.
» Pesadillas.
» Falta de apetito o ansiedad para comer.
» Dolores en el cuerpo (somatizando).
» Refugio en las drogas.
» Contacto físico (negarse o repetir conductas de riesgo a nivel sexual).
» Desvalorización personal y pérdida de autoestima.
» Emociones negativas encontradas (enojo, miedo, tristeza).

Andrea nos explica que lo esencial para la recuperación es la empatía, además de darle tiempo y espacio a la víctima para que hable y relate hasta donde quiera relatar, si hablar es parte de su proceso de sanación.

“Brindarle la confianza, hacerles sentir que están seguras, hacer saber que aunque uno no haya vivido una experiencia así, no por eso no se puede poner en los zapatos de la otra persona. En ningún momento se debe juzgar a la persona, aunque la sociedad, tristemente, nos enseñe erróneamente que las víctimas “se lo buscan por como están vestidas”, ya de por sí la persona constantemente se va a juzgar y va a pensar qué pudo haber hecho para evitarlo. La empatía no es un “yo te entiendo” ni tampoco “no te puedo entender, pobrecita” es decir aquí estoy, qué necesitas de mí, estoy aquí para ti. Hay que informarse, ser respetuoso del proceso individual de la persona. A nivel de pareja ser muy pacientes y buscar ayuda en conjunto, no se trata de resolverle a la otra persona. Es necesario además entender que luego de una violación la terapia psicológica es un proceso, no hay fórmula secreta para todas las personas sino que depende mucho de cada quien; tanto la víctima como los familiares resultan lastimados y necesitan un proceso de sanación” nos explica Andrea. „


Para nosotras como mujeres, la realidad de Guatemala es alarmante porque no existe aún una red de soporte ni apoyo para quienes hemos sufrido de cualquier tipo de violación sexual. Mucho de lo que lleva a los victimarios a perpetuar ese crimen es la educación patriarcal que han recibido, el machismo, la objetivación de la mujer y el pensamiento erróneo de que el hombre puede satisfacerse como plazca, sin importarle la dignidad o el respeto a una mujer. Jamás se ha enseñado que las mujeres tienen derecho a decir que NO y que no son un objeto de recreación y placer.

Sin embargo el problema se va mucho más adentro, ya que la sociedad ha estigmatizado el ser una víctima de violación y fomenta el silencio y la falta de comunicación de las mismas mujeres hacia otras mujeres. Yo soy madre y como tú, en quién más pienso, al leer esto entiendo que no es para mí, sino para mi hija, quién tendrá que vivir e incorporarse a la sociedad tarde o temprano. Aún podemos cambiar las próximas generaciones de hombres y mujeres, tenemos tiempo todavía para que nuestras hijas y nietas no tengan que sufrir los hechos violentos que hemos experimentado y que la sociedad empiece a entender más a fondo lo que es ser una sobreviviente de violación.

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Fotografía: Juanfer Penagos

Llevo años tratando de enfocar todo mi aprendizaje y compañía de grandes mujeres líderes quienes me han apoyado y me he dado cuenta que si tienes una ayuda temprana consiente y que haya pasado por lo mismo que tu, tu camino y sanación es más rápida que cualquier otra que no la tenga. Es por esto que aprovecho a contarte sobre mi proyecto personal que a partir de hoy se dedicara a ayudar a victimas quienes han pasado por este acto. Busca entablar un diálogo y apoyar a aquellas mujeres que sufrieron de abuso sexual y que no se han atrevido a hablarlo. Hablar te sana, te muestra que eres una sobreviviente y que puedes salir adelante; como lo hicimos nosotras que hoy te estamos contando nuestras historias.

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En el blog encontrarás una red de apoyo a través de personas que como yo somos sobrevivientes y junto a psicólogas y personas conocedoras del tema podremos ayudarte. No dudes en contactarnos si conoces a alguien que nos necesita o si eres una víctima. No estamos aquí para juzgar. Estamos aquí para mostrarte que el apoyo y el amor están para ti y que más mujeres como tú han caminado tu camino, pero sobre todo puedes sanar y ser feliz.

Hablemos de las violaciones y con ello combatamos el tabú y rompamos el silencio.

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Fotografía: Javier Asturias

 


Fotografía por: Marcela Polo, Juanfer Penagos y Javier Asturias.

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