Imagina una noche calurosa, de esas estáticas cuyo vaho de calor no permite ver ni una estrella en el cielo más que Venus acompañando a la luna. Ni una hebra de aire recorre la oscuridad y el ambiente está envuelto en una estática mística que se acompaña del chirrido constante de las chicharras y los grillos. Todo está en silencio excepto ellos. No existe la luz eléctrica. Solamente el pequeño y débil fuego que ilumina un hogar de adobe y teja. El grito de la niña recién nacida rompe el silencio, entre los brazos de su abuela y el sudor de su madre. Llora porque le arde el fuego que lleva dentro. Al unísono de sus gritos retumba el volcán. Afuera, el abuelo lo contempla en aquella oscuridad, la tierra tiembla debajo de sus pies y él sabe que dentro de la casa ha nacido una mujer. *

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Detrás de la expresión serena de María Mercedes Coroy, se ve en sus ojos la fuerza de una feminidad compleja e imposible pasar desapercibida. Luego de ver la película Ixcanul, conocerla hace inevitable que nazca la curiosidad por comprender qué de ella tiene el personaje de María que encarna y poco a poco comienza a hacerse obvia la acertada elección del brillante director Jayro Bustamante de escogerla para darle vida a su película.

Desde muy pequeña inició con la inquietud de la actuación, “a los cinco años me paraba frente al espejo y hacía movimientos con mi cuerpo que no comprendía de dónde nacían y en la primaria comencé a participar en obras de teatro. Me encantaba”.

Nunca desaprovechó cualquier oportunidad que se presentara para poner en práctica sus dotes de actuación, incluso cuando fue electa en 2013, reina de su escuela. Para lograr el título actuó en Blanca Nieves como uno de los siete enanos. Como si el destino conspirara a su favor, sustituyó a la protagonista a último momento y su actuación le hizo ganar el título.


Una de las ediciones más fuertes que hemos tenido ha sido la de abril de 2016 con María Mercedes Coroy en la portada, incluso esta edición fue mencionada en un artículo de noviembre del Huffington Post, como la primera mujer indígena en salir en la portada de una revista de moda.

Así llegó a competir a nivel departamental por Sacatepéquez, “montamos otra obra,” – nos cuenta sonriendo – “debían ser tres trajes: fantasía, ceremonial y gala. Mis papás me dijeron ‘lo que te pidan vemos cómo nos arreglamos, pero lo conseguimos’. Fue un traje de Quetzal que ayudaron a armar, incluso, los maestros. Teníamos muchísimas plumas verdes y rojas para hacer las alas y la cola. Fue emocionante, más cuando gané porque mi hermana me entregó la corona”.

Por ese tiempo, Jayro Bustamante hacía un casting en un mercado de Santa María de Jesús, de dónde es María Mercedes. Con apenas una fotografía, el director supo que sería ella la indicada. “No dormí toda la noche, estaba emocionada porque siempre quise actuar, era mi sueño” nos cuenta.

“Cuando Jayro me entregó el guión, lo leí y pensé que jamás había visto algo tan hermoso e impresionante. Toca temas que a todos nos conciernen, sin importar si eres indígena o no. Presenta una realidad cruda y que a la vuelta de la esquina están ocurriendo estos problemas. Yo no vivo así, pienso que es muy fácil pensar que todo a tu alrededor está bien, ignorando lo que realmente está mal”.


“La fuerza del volcán es la fuerza interna de todas las mujeres que en algún momento quisieran explotar y decir todo lo que siente, pero a la vez callan. Ese es el significado que tiene el volcán con María en Ixcanul” – María Mercedes Coroy, actriz protagonista.


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Sobre su proceso de preparación para el personaje nos cuenta, “Jayro me explicó que María era una chica aislada. Para esto, comencé a quedarme encerrada en mi casa por una semana. María no vivía en un pueblo como yo, así que parte del ejercicio era aislarme por completo. Me costó un poco. También la seriedad, porque ella casi no sonríe, comencé a no hacerlo y todos a mi alrededor se quedaban sorprendidos porque mi personalidad no es así en absoluto.

El idioma no fue un problema porque yo lo hablo, al igual que usar trajes de otras regiones, porque en Santa María los mezclamos mucho. Los peinados sí fueron algo que yo no usaba, pero mi mamá sí tiene ese estilo. De pequeña me colocaba tocados. Yo decía ‘voy a ser como mi mamá’”.

 

Resulta interesante cómo se fue involucrando personalmente en la actuación, “algunas veces tenía que recordarme que estábamos actuando, especialmente cuando escuchaba a los papás de María hablar y ella tenía que quedarse callada. Yo soy el opuesto, hago valer mis derechos y a veces me daban ganas de responderles, entonces recordaba que estaba actuando y que ellos también”.

En ningún momento de la película existe una desconexión entre ella y el personaje, especialmente en las escenas en que María se convierte en madre, “durante esa escena pensé que si yo perdiera un bebé me volvería loca. Además yo había visto algo así en la vida real durante el embarazo de mi hermana que estuvo a punto de morir. Yo fui madre de mi sobrina durante sus primeros cinco meses de vida. La cambiaba, bañaba y dormía”. Esta experiencia la llevó a comprender la maternidad y la angustia de perder a un hijo.

Para María Mercedes es importante sensibilizar, a través de Ixcanul, la falta de comunicación que tienen los pueblos indígenas cuando en instituciones públicas nadie habla ningún idioma maya, “en Guatemala se interesan por otros idiomas habiendo 23 idiomas guatemaltecos. En las instituciones públicas debería haber al menos un traductor”, nos explica.

 

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María Mercedes se ha convertido en una voz para las mujeres y para los pueblos indígenas. Es una responsabilidad que ella está dispuesta a asumir. “Mi trabajo es hacerle ver a mujeres y hombres, que sin importar el género o cultura, todos valemos igual. La mujer no debe ser opacada. Queremos llevar Ixcanul a otras partes de Guatemala donde no ha podido llegar aún, para poder seguir trabajando y moldeando la equidad de género”.

Con esta explicación nos cuenta la importancia de transmitir el mensaje de la película a través de una protagonista: “la nobleza de la mujer y la fuerza interna que tiene, es algo que no ven los hombres”. Una de las transgresiones más fuertes de la película fueron las escenas de desnudo, pero más allá de esto nos cuenta el mensaje extraordinario que significó para ella: “al inicio me daba miedo porque nadie me había visto desnuda, pensé en no hacerlo, mi cuerpo es mío y no lo exhibo, me daba vergüenza. Llegó el momento de realizar la escena en el temascal, y fue allí que decidí que tenía que romper el miedo y decir: este es mi cuerpo. Supe que ese era el momento para decirle a las mujeres que no se avergüencen de sus cuerpos, como la sociedad nos dice que debemos”.

Su criterio sobre la feminidad en parte ha sido por la educación que sus padres le han dado “mi mamá es una mujer independiente, a mis hermanas y a mí nos educó para serlo. Mi papá nunca le tuvo celos y siempre respetó su libertad. Ambos nos educaron diciendo: cada quien tiene su rumbo y sus obligaciones, pero no tanto como derechos”.


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“ La inquietud que María sentía de querer salir, yo la tenía por querer actuar”

“Es curioso, algunas mujeres me preguntan si no me dio miedo hacer la película. Yo tenía el apoyo de mis padres, ¿qué más podía pedirle a la vida? Mi trabajo ahora es romper las barreras y dejar el mensaje a las mujeres que sí se puede soñar, que no tengan miedo y que alcen la voz” -nos cuenta con pasión y seguridad- “jamás he tenido una heroína. Pienso que si alguien quiere hacer algo, con esfuerzo siempre podrá más que cualquiera. Tener una heroína significa querer llegar a ser como alguien, pero tu puedes cambiar otras cosas que tu heroína no. En vez de llegar hasta donde llegó ella, tu debes aspirar llegar aún más lejos”.

A sus 22 años de edad, a María Mercedes le espera un futuro más que fascinante. Con su potencial no será de extrañar que cumpla su sueño de convertirse en una actriz internacional.

Este año se gradúa de Bachiller para continuar sus estudios profesionales en actuación en la casa de estudios Universidad de San Carlos de Guatemala. En el futuro buscará especializarse en el extranjero. “Por el momento los cambios que estamos logrando son grandes y por eso me gustaría quedarme en este tipo de cine. Más adelante me gustaría experimentar todo tipo de cine”.

Ambos personajes feminos, así como las actrices que los personifican, nos recuerdan el linaje que estas mujeres mayas heredaron desde tiempos ancestrales en los que algunas reinas fueron la fuerza detrás de importantes guerras e historias. Solo basta conocerlas y conocer su trabajo en la película para comprender la extraordinaria mística que envuelven las creencias mayas y la fuerza que mueve a la mujer indígena.


Fragmento y redacción por Lourdes Galindo*