Inés quiso ser actriz, pero decidió seguir un camino más conservador y se convirtió en arquitecta. Sin embargo, sus diseños no siguen los parámetros de lo conservador. Ines crea espacios totalmente diferentes que rompen con lo tradicional y que pretenden transformar.

La arquitecta nació en Guatemala y vivió en el centro histórico de la ciudad capital hasta los 11 años. Su familia se mudó a Costa Rica, en dónde trabajaron para inaugurar el primer Saúl de dicho país. Allí creció y, cuando llegó el momento, ingresó a una universidad para iniciar sus estudios de arquitectura, “estudié en un universidad de Costa Rica muy pequeña que ya no existe” relata Inés, “pero estoy muy satisfecha con todo lo que me dio”. 

Durante su carrera, realizó su primera pasantía en Brasil, en la cual participó en la realización de proyectos con enfoque social desarrollados en favelas. Al finalizar la carrera, se trasladó a Génova, Italia, en dónde tuvo la oportunidad de trabajar con el reconocido arquitecto, Renzo Piano. Su entrega y esmero hizo que la firma le ofreciera una plaza permanente en la empresa. “Génova es de esos lugares que uno ama o odia. Es caótico pero tiene su gracia, y a mí me encantaba. En verano iba a nadar al mar mediterráneo a la hora de mi almuerzo”. Uno de los proyectos en que aportó, fue en el diseño del Museo Whitney de Arte Estadounidense en Nueva York. Durante ese proceso conoció a Greg, su actual socio. 

Los negocios y empresas de ahora, más que obtener ganancia, deben ser sostenibles y con un compromiso social, “el dinero debe ser un medio para lograr otras cosas.”

Luego de un tiempo, Inés comenzó a buscar otras oportunidades de trabajo. Su tío Emilio Méndez la animó a regresar a Guatemala y así lo hizo. “Recuerdo que con mi primer smartphone me cambió la vida, de repente estaba en contacto con todo mundo”, una de esas conexiones fue con Fernando Paiz, quien en ese momento estaba impulsando el proyecto del Museo Maya de América. Debido a su experiencia en el diseño de museos, Inés fue aceptada de inmediato para formar parte del equipo. “Fue una experiencia enriquecedora pero frustrante” exclama. El proyecto quedó estancado y ha sido difícil ejecutar. No obstante, esta experiencia le enseñó cómo trabajar en Guatemala, sobretodo cómo gestionar los trámites que el sistema exige. 

Con ese deseo de querer hacer más no solo por su país sino que también con el deseo de cambiar la arquitectura, Inés y Greg crearon Taller Ken. “Hice varios trabajos freelance con mi familia, diseñando varios restaurantes Saúl, pero quería hacer un proyecto en un espacio público abandonado que pudiéramos reactivar y que fuera de beneficio para la comunidades de alrededor”. Fue durante estos trabajos que nace Juan Solo, que luego se convirtió en Taller Ken “un espacio juguetón y lleno de colores” según ella. A raíz de un premio que ganaron en NYC muchos estudiantes y recién graduados aplicaron para trabajar en sus oficnas por lo que los socios le dieron vida a FUNdaMENTAL, “Aprovechando nuestro interés en mejorar siempre las ciudades, decidimos invitar a todos lo que aplicaron, en vez de escoger, para realizar un proyecto de principio a fin. Tiene un fin educacional, exponiendo a los estudiantes al 100% del proceso (diseño, gestión, recaudación y ejecución). En cuestión de 3 meses ellos se exponen a todo un proceso real y práctico, adquiriendo experiencia sobre un proceso completo, sobre sus problemas y soluciones” explica Inés “más que guiar, nosotros provocamos que todo esto suceda”.  

La primera intervención de FUNdaMENTAL fue en el Festival del Centro Histórico de 2016, con la creación de un espacio público temporal en el Plaza de la Herradura del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, al cual llamaron playAchomo. Este año lograron formar un grupo pequeño de participantes de recién graduados, además de estudiantes. “Trabajar con jóvenes es otro tipo de reto, creo que me salieron 20 canas esta vez”, cuenta Inés entre risas. El proyecto se desarrolló en Gerona, cerca del Ministerio Público y la línea de tren, en un espacio vacío entre dos andenes. Cerca de allí existe un lugar que fue utilizado para ubicar a 40 familias afectadas por el huracán Mitch. “Es un espacio con un patrimonio histórico, pero también con una situación social muy compleja” explica la arquitecta. 

De lunes a viernes, en horario de oficina, el espacio vacío es utilizado como parqueo; pero de cinco de la tarde en adelante y en fines de semana, queda inutilizado. Esto hizo notar su potencial como área recreativa. Lamentablemente fueron surgiendo muchas difitultades administrativas. Por complicaciones, decidieron trabajar una parte sin permiso sin perjudicar el patrimonio. Entonces limpiaron las líneas del tren, trabajaron un área verde, pusieron bancas y se arregló la pintura. Fue un trabajo que Inés considera superficial, pues hay muchos más temas sociales con mayor profundidad que se deben tratar. “Esta experiencia fue mucho más enriquecedora por el aspecto humano, conocimos a mucha gente de la comunidad que estuvo ayudando con el proyecto para concluirlo en el tiempo estipulado” relata. 

Inés está segura que la forma de hacer proyectos y negocios está cambiando en el mundo y tiene que cambiar en Guatemala “Hay que hacer cosas por uno mismo, pero cosas que tengan un impacto y que tengan un propósito. El mundo está cambiando, la economía también, todos los proyectos deben de tener un significado”. Un ejemplo es el Good Hotel, cuyo fin no es hacer dinero sino sostener escuelas. Para Inés, la arquitectura también se puede convertir en un negocio con visión social que genere un impacto positivo y transforme. Según ella “el dinero no debe ser solo para ganancia sino un medio para hacer más cosas”.