A las mujeres nos pintan el embarazo y el post-parto como un proceso maravilloso y mágico, en dónde todo es perfecto y hermoso. Para muchas, sí lo es, pero no todas las madres pasan por el mismo proceso. Ana Villalba de Brolo nos cuenta su experiencia. 

EL PRIMER APRENDIZAJE

Ana es madre de dos niños y se encuentra esperando su tercero. Ninguno de estos tres embarazos ha sido igual, ni el momento de dar a luz ni la cuarentena. Pero ella está convencida de que la mejor escuela han sido las experiencias que ha adquirido a lo largo de este camino. Por eso mismo, comparte sus ideas y pensamientos más íntimos en su blog, “Sin Manual de Instrucciones”, para ofrecerle apoyo y una mano amiga a todas las madres que lo necesiten. 

Con su primer embarazo, Ana tomó la decisión de dejar de trabajar para dedicarse por completo a su familia, afortunadamente tuvo el apoyo de su esposo. Ambos estaban emocionadísimos de convertirse en padres por primera vez. Pero tras tener al bebé en brazos, Ana confiesa que tuvo baby blues. “Los baby blues son un cambio hormonal real y el ambiente influye”, dice Ana. Ser madre primeriza cambia por completo el esquema hormonal de toda mujer, la hace vulnerable y sensible ante cualquier cosa, sobretodo aquellos consejos que no se piden y comentarios no deseados. Fue justamente eso lo que le pasó a Ana. “Estoy segura que lo que muchos me decían era con buena intención y amor” explica la blogger, “pero un consejo no pedido es una crítica”. 

Según ella, esto fue “minando su seguridad e intuición materna, por el miedo a cometer un error”. Con el tiempo, logró esquivar esos sentimientos y se dio cuenta de lo importante que es la intuición que se adquiere al convertirse en madres. De hecho, es más importante hacerle caso a esa intuición que los consejos que los demás nos pueden llegar a decir. Poco a poco Ana fue recobrando la seguridad en ella misma y conociendo la personalidad y necesidades de su hijo. 

EL SEGUNDO CAPÍTULO

Luego de que él comenzará el colegio, Ana decidió retomar su carrera. Cinco años después, Ana y su esposo decidieron tener otro hijo. Así que Ana optó por dejar de trabajar nuevamente, pero se le presentó una oportunidad única que no pudo dejar pasar: trabajar en televisión. Por esa razón, Ana pasó su segundo embarazo tras las cámaras. Durante esos meses conoció a Andrea de Lara, su actual socia. Ambas son madres y tuvieron una conexión especial al conocerse. Andrea le propuso comenzar un proyecto dirigido a madres, para apoyarlas a través de sus experiencias y los conocimientos de expertos. Así nació “Sin Manual de Instrucciones”. 

Con el tiempo, su audiencia y popularidad creció. Así que iniciaron un canal en la plataforma multimedia, YouTube. En todos sus artículos y videos, Ana y Andrea tratan de no imponer estándares de maternidad, ya que todas pasan por experiencias distintas, “hay mujeres que les toca trabajar, algunas que renuncian o suspenden sus carreras profesionales, otras combinan, todas están en su derecho”. El propósito es “edificarnos entre madres y exponer nuestra maternidad siendo auténticas” dice Ana. Con todo ello, buscan respetar la decisión de otras pero también exponiendo su postura.

HOY

Su tercer embarazo no fue planificado. Para Ana fue una sorpresa que fue difícil de asimilar, ya que se encontraba en un punto de su vida en dónde no se imaginaba teniendo más hijos, sino que enfocada en sus propios proyectos. Encontró apoyo en un grupo de mamás bloggers y ha llegado a un punto en el que ha aceptado el cambio de planes. 

En este tercer embarazo, Ana cuenta con el apoyo de una doula, una mujer que brinda apoyo emocional durante el embarazo, el parto y el post parto. Con este apoyo, Ana está buscando cambiar su experiencia y hacer de ella un proceso lo más natural y relajado posible. 

Ser madre de tres hijos no es fácil, y encontrar el balance en todo ello, menos. Para Ana, el secreto ha sido el definir sus prioridades y compromisos. Por eso siempre planifica su día flexiblemente, por cualquier imprevisto. Hoy Ana se prepara para el nacimiento de su bebé y dedicar su tiempo a cuidarlo por completo durante el primer trimestre. A este momento, ella le llama “el período de sobrevivencia”, ya que tiene que volver a conocerse, establecer nuevas rutinas y nuevas dinámicas familiares. “Sera un período de escribir como medio de desahogo” dice, pero sin duda, será un momento muy especial lleno de aprendizaje por contar y experiencias por compartir.