SALA QUE SANA
ESTUDIOS DEMUESTRAN QUE LA PRESENCIA DE LA FAMILIA EN EL HOSPITAL AYUDA A NIÑOS A RECUPERARSE MÁS RÁPIDO
Ver a un ser querido convalecer o en un estado de salud delicado, es una experiencia muy dura. Por esa razón, Sala Familiar Ronald McDonald está ubicada a solo quince pasos de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos de UNICAR,  brindando descanso a los padres mientras sus hijos son operados del corazón y/o permanecen en cuidados intensivos. Manteniendo a las familias cerca, cuando mas lo necesitan.

Cuando se enteraron que se convertirían en padres, Dulce y Wilmer, procedentes del municipio de Salamá en el departamento de Baja Verapaz, estaban extasiados. En tan solo algunos meses cogerían en brazos a su hija Katerine, y así fue. Aunque en ese momento su situación económica era difícil, ya que ambos estaban desempleados, no bajaron su frente en ningún momento y estaban felices y dispuestos a trabajar duro para sacar adelante a su familia.

Katerine fue llevada a un control médico al cumplir una semana de haber nacido. A los ojos de Dulce y Wilmer, todo parecía normal, pero no era así. El pediatra les comentó que a Katerine se le escuchaba un pequeño soplo en el corazón, pero que había que esperar un par de semanas para saber con mayor claridad qué era.

Dos semanas después, el sonido seguía allí, aunque no era un soplo, era extraño. En Salamá el único Cardiólogo es de adultos, por lo que la pediatra los refirió a UNICAR. Un amigo de la familia les habló de la Casa Ronald McDonald y les sugirió que averiguaran sobre sus servicios. Después de un viaje de cuatro horas llegaron a Guatemala, en una ciudad poco familiar, en una situación en la que nadie quiere estar.

La Fundación los asistió con el hospedaje y, debido a la delicada situación en que se encontraba el corazón de Katerine, ella tendría que ser internada en Cuidados Intensivos Pediátricos, por lo que también podrían hacer uso de la sala familiar. Fue así como Wilmer hizo uso de la habitación en la Casa Ronald McDonald, mientras Dulce prácticamente vivía en LA Sala Ronald McDonald.

Katerine, tuvo que pasar diversos procedimientos médicos que determinaron que era candidata para ser operada. Lamentablemente, la situación de su sistema inmunológico era muy débil y se contagió de un virus en el proceso. Esto perjudicó su sistema respiratorio y complicó todo el panorama. Dulce pasó los momentos más difíciles de su vida en esa sala, frente a una pared que la separaba de su hija. Podía verla únicamente cinco minutos cada hora y, vestida con una bata y guantes, podría sostenerla. Minuto a minuto, Dulce esperaba pacientemente a que los siguientes cinco minutos con su hija llegaran.  “Yo nunca imaginé que iba a poder estar cerca de ella. Esa sala nos ayudó moralmente, sentimentalmente. El motivo de esa sala es estar cerca de nuestros bebés. Nosotros estábamos desde ahí dándole fuerzas, orando, cantando. Es una ventaja que no todos los hospitales tienen. Esa posibilidad de estar cerca de tu bebé” cuenta Dulce con un nudo en la garganta.

Katerine, estuvo internada tres meses en intensivo del hospital. Para su familia, esos meses fueron eternos, ya que la pequeña bebé batalló entre la vida y la muerte más de una vez. Por eso mismo, Dulce nunca salió de la sala y prefería dormir allí para estar pendiente de la situación de su hija. Dentro de la sala, la distancia nunca fue un problema, ya que los doctores podían comunicarse rápidamente si hubiese avances de algún tipo en la habitación privada que allí se encuentra. Además, también cuenta con un área de cocina, dónde Wilmer y Dulce almorzaban todos los días, y un baño privado para no tener que trasladarse a otro nivel del edificio. De igual forma, el personal de la fundación provee a los familiares té, café, agua y refacciones pequeñas, evitándole a las familias gastos y preocupaciones adicionales.

Dulce no es la única madre que tuvo que atravesar por esta situación. Durante los días que ella estuvo allí, otras cinco mamás también pasaban por momentos similares. Entre todas formaron un vínculo muy especial y se daban aliento la una a la otra para no perder nunca la esperanza. Estudios demuestran que la presencia de la familia en el hospital ayuda a niños a recuperarse más rápido. Estar cerca permite que los padres tengan mejor comunicación con los doctores y todo el equipo médico que está tratando a su hijo. Katerine se recuperó milagrosamente, los doctores están asombrados de todo lo que sobrevivió y sus avances. Hoy tiene nueve meses de edad y sus padres siguen cuidando de su salud con atención y delicadeza. “Para lograr superar eso lo más importante fue el amor”, relata Dulce “tanto el que nos tenemos como pareja, como al que ambos le tenemos a nuestra nena”. Para madres como Dulce, más que una sala de espera, La Sala Familiar Ronald McDonald les dio esperanza y, sobretodo, los sanó.