UNA MIRADA A LA FOTOGRAFÍA, EL ESTILO Y LA MATERNIDAD DE SARAH MÜLLER

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En más de una ocasión habrás visto las fotografías realizadas por Sarah, 27, muchas de ellas en su tumblr, o su Instagram @ssserotonin, una mirada curada, consciente, femenina y transcendental del mundo que la rodea. A la sesión de fotos llega acompañada de su hija Mila, de 7 años, una niña cargada de energía, con una personalidad increíble y con gran ingenio y creatividad, que hace bromas y travesuras durante toda la sesión de fotos. Sarah y Mila mantienen una química entre madre e hija espectacular, una conexión de mejores amigas, es alegre y dinámico verlas interactuar juntas.

Mitad suiza, mitad guatemalteca, Sarah nos comienza contando sobre su niñez creciendo en Libia, Holanda, Indonesia, Suiza, Canadá y Guatemala; gracias al trabajo de su papá, diplomático de la Embajada de Suiza. “Las cosas que me gustan más son las que realmente me llevan al momento presente. Es lo que siempre busco. No se pueden comparar las experiencias que tuve en un lugar a la edad que tenía cuando viví allí. De los 10 a los 15 viví en Suiza. A los 8 y 10 Indonesia. Cada país tiene su belleza y tiene sus pros y sus contras. De por sí era difícil de chiquita mudarse, porque no existían las redes sociales entonces era adiós y nunca más te vuelvo a ver, pero aprendí a adaptarme muy bien y me quitó las fronteras de la mente. Estoy súper agradecida”.

Su amor y curiosidad por la fotografía nacen en ella desde la corta edad de 2 o 3 años, cuando su madre le daba las fotos de la Polaroid para que Sarah las sacudiera y revelara: “Eso era magia para mí, era increíble y fue el inicio de la chispa de la fotografía que nació en mí”, nos cuenta. “A los 11 años se me metió en la cabeza que quería una cámara. A los 13 años comencé a trabajar, porque habían dos cosas que me gustaban mucho: la música y la fotografía. En Europa, donde yo vivía en ese momento, habían festivales de música enormes, yo quería ir, eran de 3 o 4 días y son muy caros, así que yo ahorraba para poder asistir”.

Su primera cámara la compró a los 15 años con su propio dinero, nos cuenta orgullosa: “Fue cuando venimos a vivir a Guatemala. La compré un par de meses antes de venir y aquí comencé a tomar fotos. Mis dos hermanos grandes son músicos, uno de ellos empezó a tocar con muchas bandas, entonces íbamos a los toques y conocía a toda la gente de la escena musical. Allí me daban feedback y me decían que tomaba buenas fotos. Me convertí en la fotógrafa oficial con una camarita de 5 mega pixeles”, nos explica riéndose. “Todo mi aprendizaje fue empírico, fue práctica, antes existían unos blogs y páginas web, buscaba información y de allí practicaba.

“Los fotógrafos tienen una responsabilidad, nos explica, ya que el mundo está saturado de imágenes: “¿Por qué vas a subir la foto? ¿Qué está diciendo? Tiene que ser algo que tenga sustancia. La primera pregunta que debes hacerte siempre es ¿por qué estás tomando la foto? Es crear consciencia”.

A los 17 trabajé como asistente de un fotógrafo de eventos. La fotografía fue siempre lo que quise y lo supe desde muy pequeña. A los 18 años me gradué del colegio y a los 19 mi papá falleció. Fue algo que me marcó mucho. Él fue una persona que siempre me apoyó, me decía: “Yo te voy a ayudar a que tengas tu primera exposición”. Esta placa de identificación”, nos cuenta mostrando una placa militar que utilizan los hombres al prestar servicio militar en Suiza y que lleva siempre con ella, “es lo único que me quedo de él y nunca me la quito”.

Sobre su trabajo como fotógrafa, Sarah nos cuenta que en sus inicios comenzó como freelance, sin embargo el expertise no fue algo que adquirió hasta prepararse más adelante. “Uno come ansias y quiere hacer las cosas, pero es mejor prepararse un poco más. Me tocó duro y no me salió bien. Entonces me metí a trabajar en un Call Center, ahorré dinero e hice las cosas como las debía de haber hecho antes. Ahora llevo 4 o 5 años trabajando solo en fotografía. A los 21 años estudié artes culinarias, porque quería aprender a cocinarle a mi hija, siempre ha gustado cocinar y porque me decían que tenía que tener un plan B, que uno no puede vivir de la fotografía. Estando en la U le tomaba fotos a todos los platillos que hacíamos, entonces me volví la fotógrafa de la clase y con eso armé un muy buen portafolio, bastante extenso, de comida. Ahorita llevo dos temporadas trabajando con Mirciny Moliviatis en Desafío Culinario. Es muy divertido y me encanta, hace que combine las dos cosas que me gustan y eso es muy bonito. También he tenido la oportunidad de conocer a grandes chefs de Guatemala”.

En Guatemala ha trabajado en la escena musical con grupos nacionales como El Clubo y Los Reyes Vagos; también participó en la producción de un video en la laguna Magdalena en Huehuetenango para Bohemia Suburbana. Es evidente su pasión por la música clásica, indie, folk, blues, soul y la bossa nova; algo que Mila definitivamente heredó y que nos cuenta que su grupo favorito son los Black Keys, un grupo de rock alternativo norteamericano.

Dentro de sus proyectos cuenta con grandes clientes como Tigo y Gatorade. “La gente cree que tu Instagram es tu portafolio y no es así, hago muchísimas cosas más, hago mucho trabajo comercial y tengo varios clientes de todo tipo”. Pero para Sarah, la fotografía va más allá de un simple click, es un compromiso social, es la responsabilidad de contar una buena historia. “Me gusta hacer proyectos documentales, tomar en cuenta el aspecto social y cómo podemos hacer un cambio, por ejemplo, hace dos años fuimos en un viaje con unos amigos ingleses que son paramédicos, tienen un corazón enorme y quieren ayudar a las personas. Entonces fuimos a las comunidades, conocimos a la gente durante las jornadas médicas y yo iba, ya sea a tomar fotos, o para ayudar con la traducción.

Durante el viaje, llegó una enfermera a contarme que tenía una tía que estaba muy mal porque le entró un mal espíritu. No podía llegar hasta donde estábamos, así que nosotros fuimos a ella en una tiburonera, cuidando la máquina de CPR carísima para que no se mojara, así entre los manglares. Luego se abre paso entre los manglares un paraíso, una especie de islitas, viven una o dos familias. Fue impresionante, yo miraba las estrellas, un lugar espectacular. Me encanta salir de la ciudad, hace poco fui a Petén a trabajarle un proyecto a una empresa guatemalteca que trabaja con paneles solares”.

Al preguntarle qué es lo que le gusta transmitir a través de la fotografía, Sarah nos cuenta que no es hacer una foto por hacerla. Los fotógrafos tienen una responsabilidad, nos explica, ya que el mundo está saturado de imágenes: “¿Por qué vas a subir la foto? ¿Qué está diciendo? Tiene que ser algo que tenga sustancia. La primera pregunta que debes hacerte siempre es ¿por qué estás tomando la foto? Es crear consciencia. No quiero mostrar lo bonito o lo feo, sino las cosas como son. Hablar mi verdad”.

Sobre su estilo nos cuenta que gira en torno a ser libre y feliz. La encargada de enlistarnos los must haves de Sarah es Mila, quien nos cuenta que le gustan los chales, los abrigos y las botas. Su hija la conoce a la perfección. Tiene más de treinta tatuajes, y nos muestra tres en particular: la llave, que simboliza que ella tiene la llave de su vida, La Chula, una camioneta, y una frase de Buda que explica que la vida no es más que una ilusión.

Sobre la maternidad, Sarah nos comienza contando sobre el significado del nombre Mila: “Es regalo de Dios y ella lo ha sido. También significa mar brillante. Es el mayor regalo que puedas llegar a tener. Es la mayor aspiración al amor, porque es el amor más puro. Te cambia la vida definitivamente. No soy una mamá perfecta, he cometido muchos errores, pero siempre he querido lo mejor para ella. De eso se trata, de expresar tu amor. Además solo somos guías, nada más, porque ellos tienen su vida propia y solo estás con ellos un rato y después crecen. Ella para mí ha sido una gran maestra. A veces es al revés, cuando estoy triste ella me dice “no mamita” y me abraza. Mila es tan madura y es súper especial, es como un diamantito”.

SARAH´S MUST HAVES: