Conoce cómo el dolor de una madre da inicio a las Casas Ronald McDonald en Guatemala

La historia de Liza Cofiño y el inicio de las Casas Ronald McDonald es una historia verdaderamente inspiradora. A raíz de una experiencia personal, Liza comienza a involucrarse con la Fundación Infantil Ronald McDonald (FIRM) y la apertura de la Casa Ronald McDonald en el país. Las Casas Ronald McDonald tienen 43 años de existir en el mundo y 12 años en Guatemala. “Mi experiencia laboral simpre había sido en empresas lucrativas. Tuve que aprender cómo trabajar en una ONG”, nos cuenta.

Las instalaciones están nítidas, limpias y la colorida decoración infantil no interrumpe un ambiente relajado y de descanso. Afuera del comedor hay una pérgola con un jardín agradable donde pueden almorzar las familias que se hospedan. El día de la entrevista, el equipo de LOOK fue invitado al almuerzo y sirvieron un Kaquik delicioso, con un sabor espectacular y especialmente, con un sentido hogareño. Desde las ventanas de la capilla se puede ver el edificio de la emergencia del Roosevelt y el área de la casa es un lugar seguro. La calle que conecta al hospital está dentro de una garita, lo que le garantiza la seguridad a las familias en su ida y venida al hospital. Hasta la fecha más de 16,800 familias han encontrado un “Hogar lejos del Hogar” en Casa Ronald McDonald.

Liza nos cuenta su historia, una historia que cualquier padre o madre, sea que hayan pasado por una situación similar que haya involucrado hospitales, o no, podrá sentirse relacionado: Ese amor por los hijos por lo que uno daría cualquier cosa por ellos, ese sacrificio y esa red de apoyo familiar que es tan necesaria para una vida saludable. Su experiencia la hace la persona más adecuada para ocupar el cargo que tiene. Es impresionante ver la conexión automática que Liza mantiene con las mamás que se hospedan en la casa, las conoce a cada una personalmente y sabe relacionarse con su situación. En exclusiva para LOOK nos cuenta su historia:

“Cuando estaba embarazada de mi cuarto hijo, me diagnosticaron gastrosquisis, una condición en donde los bebés vienen con el intestino de fuera y hay que operarlos de recién nacidos. Hace 16 años la tecnología no era igual que hoy, pero fue un diagnóstico bastante duro, y gracias a Dios tuve la oportunidad de operarlo fuera, aprovechando en Miami que mi familia tenía un apartamento y yo no sabía cuánto tiempo iba a tener que permanecer allí para atender a mi bebé. Me fui embarazada de siete meses acompañada de mi mamá. Fue un momento muy duro para mi familia, tuve que dejar a mis otros tres hijos y a mi esposo, el mayor tenía 12, mi hija 10 y mi hijo pequeño 5. Fue duro, pero yo sabía que era la única manera en que mi bebé tenía la oportunidad de vivir.

En ese momento no sabía cuál sería el impacto que iba a tener en mi familia, en mis hijos, pero estaba muy preocupada por mi bebé. Me fui con una red de apoyo, entre mi familia, mi esposo, mis mejores amigas, mis hermanos y mi mamá que estuvo la mayor parte de tiempo conmigo. Mi esposo iba y venía porque tenía que trabajar y teníamos a mis hijos en el colegio. Mi hijo mayor me preguntaba que quién le ayudaría a hacer las tareas y mi hija lloraba porque ¿quién la iba a peinar?, mi esposo tuvo que aprender a hacerlo y se encargó de mis tres hijos. Yo siempre era mamá pendiente y mis hijos estaban preocupados por lo que iba a suceder con su hermanito, y mi esposo hacía lo que podía.

Nace mi bebé, lo operan de emergencia y estuvo en el intensivo por las primeras 4 semanas. Esas primeras semanas yo no lo podía cargar, solo hablarle y verlo desde afuera. En ese entonces no se sabían mucho de las cosas que se saben hoy en día. Yo lo tuve por cesárea y la primera vez que lo pude ver yo estaba en silla de ruedas. Fue algo muy doloroso. Yo quería estar cerca de mi hijo y no lo quería abandonar ni un ratito.

Luego de las cuatro semanas me dieron permiso de llevarme a mi bebé a mi casa. Volvió a enfermarse y regresé al hospital. Yo quería estar con mis hijos también, así que me dieron el permiso de regresarme a Guatemala. Me regreso y mi bebé muere al día siguiente. Ha sido lo más horrible que me ha pasado en la vida.

Luego de haber perdido a mi bebé, entré en una depresión, no quería trabajar, pero poco a poco me voy levantando y es cuando mi mamá me habla que existen estas casas de Ronald McDonald en el mundo y a ella le encantaría que las trajéramos. Quería que yo me encargara de esto porque mi experiencia me ayudó a entender lo que muchas mamás guatemaltecas están pasando y la importancia que tendría una Casa Ronald McDonald para estas familias.

Las familias que vienen a hospedarse a la casa Ronald McDonald son del interior del país y vienen aquí porque tienen que asistir a sus hijos en uno de los hospitales públicos, es la única oportunidad que tienen de curarse o ser tratados. Yo entendía y sabía lo que era tener esa necesidad. En la ciudad hay algunos albergues o sino se quedan afuera del hospital o en bancas. Los mayores centros de referencia médica en Guatemala están en la capital, obligando a miles de familias del interior del país a viajar largas distancias para ser tratados.

Conseguimos los permisos, fui a entrenarme a Estados Unidos para saber dirigir una organización sin fines de lucro y a prueba y error fuimos aprendiendo. Empezamos en la Fundación Ronald McDonald con 3 personas, esto era un sueño. La primera casa la abrimos aquí cerca del Hospital Roosevelt. Tenía diez habitaciones, es uno por familia. Traje cosas de mi casa para decorar, le pedí a mis amigas también cosas que estuvieran en buen estado.

Es importante que nosotros mantengamos ese concepto de hogar. Por eso tenemos una mascota en cada casa. Muchos de estos niños, el 95% tienen alguna mascota en su propia casa, no solo deben dejar su escuela, su familia y sus hermanos, sino también su mascota. Al entrar aquí es automática la conexión que hacen con ellos. También aquí nosotros damos los 3 tiempos de comida. Por ejemplo, si un niño debe ir a hacerse sus exámenes en ayunas, nosotros les hacemos las loncheras para que se lleven. Para nosotros son tan importantes los papás como los niños. A veces un niño está internado en el hospital o solo es ambulatorio, lo que quiere decir que debe ir al hospital a hacerse una quimioterapia, por ejemplo, o diálisis, niños quemados, etc. Entonces aquí vienen a descansar, a dormir, comer y lavar su ropa.

En las casas Ronald McDonlad no entran medicamentos ni doctores. Si hay una emergencia se llama a un taxi, porque lastimosamente no hay ambulancias. Aquí es importante que se mantenga un ambiente lo más alejado de lo que viven en el hospital. Es un espacio para que los miembros más importantes del núcleo familiar del niño estén presentes. Yo sé lo que es pasar por esos momentos, uno no tiene cabeza para tomar decisiones. Es importante estar acompañado, tu ves a tu hijo enfermo y lo ves sufrir, no te dejan cargarlo a veces como me pasó a mí, es horrible ver cómo le ponen la medicina, al final del día es agotador. Durante el tiempo que yo estuve así con mi bebé, si yo no hubiera tenido a alguien que me dijera que tenía que ir a comer ni hubiera comido. Estaba tan triste, pero allí estuvo mi esposo, mi mamá y mi hermana. El apoyo familiar que yo necesitaba.  Es por eso que aquí también tenemos excursiones una vez al mes, son opcionales para quién quiera unirse, porque también hay que entender que estos niños están cansados, al igual que sus papás. En estas actividades vamos al zoológico, o al cine, o a un parque de diversiones cercano.

“Actualmente somos tres casas con un total de 44 dormitorios entre las tres, al mes lamentablemente tenemos que rechazar a 182 familias porfalta de lugar. La necesidad existe”.

En 2005 abrimos la primera casa, aquí cerca de Roosevelt, hoy somos un personal administrativo de seis personas y cada casa cuenta con su propio staff. Para nosotros es muy importante la limpieza y la nitidez. Aquí los padres están pasando momentos duros o los más difíciles de su vida. Muchos no saben hablar español y el personal está allí para ellos, para tenerles paciencia y empatía. Están para ayudar. Todo está pensado completamente en ellos. Los cuartos están decorados como estaban decorados los de mi casa. Aquí llegan familias que el servicio social u otras ONG recomiendan. A veces se les cobran Q2 por noche que esto dignifica a los papás. Y tenemos el caso de familias que se exoneran. El 70% de nuestro presupuesto salen del McDía Feliz.

Para mí, hubo un momento revelador en mi vida. Fui a una conferencia a entrenarme. Allí me di cuenta que los directivos de las casas Ronald McDonald en el mundo, que son un aproximado de 366 casas, tienen historias similares a la mía. Hay un factor común. Hablaba con ellos y esa noche empecé a llorar. Entendí que pasé todo lo que pasé con mi bebé porque Dios quería que esta fuera mi misión de vida. Dios sabía que yo tenía que pasar por una experiencia así. No es casualidad que mi familia sea de McDonald’s y esta corporación apoye a esta ONG. Mientras yo siga trabajando, los papás van a tener este consuelo. Quién me tendió la mano, quién me dio ese extra que no es medicina, eso yo nunca lo voy a olvidar y sé que eso es lo que yo debo dar. Muchas cosas cambiaron y en ese momento sentí una felicidad tan grande. Entendí las vidas cambiadas, los niños que han tenido la oportunidad de vivir gracias a estas casas, porque si los papás no pueden quedarse, o si no tienen el dinero se regresan a sus casas y ¿cuál es la oportunidad que el niño tiene? El 45% de los papás se regresaban porque no podían seguir con el tratamiento. En promedio, una familia de escasos recursos tiene que gastar Q200 diarios. Esa cifra aumenta con hospitalizaciones y tratamientos de meses. Estas son familias que ni siquiera ganan el salario mínimo. Este trabajo, ayudar a estas familias, eso es lo que me hace levantarme cada día.

Mi trabajo es ser la líedr organizacional del capítulo de Guatemala, soy la responsable de que la Fundación Infantil Ronald McDonald y las casas funcionen. Luego de la primera apertura en 2005, ya en 2008 el doctor Aldo Castañeda logra el usufructo de este terreno en el que estamos, (la casa que está construida al lado de la emergencia del hospital Roosevelt), y nos lo da con la condición de que tengamos resultados en un año. En once meses teníamos la casa hecha y hoy tenemos 24 cuartos. La tercera casa vino de parte de una donadora que prefería quedarse anónima. Es una casa bellísima en el Centro Histórico en la zona 1, a dos cuadras del Hospital San Juan de Dios. Allí tenemos 9 dormitorios. Hoy en día estamos en trámites para conseguir el terreno frente a la casa del Roosevelt para poder construir una más grande que cuenta con 30 o 40 habitaciones.