BUSCANDO ALGO MÁS GRANDE QUE EL EVEREST 

Esta alpinista que puso el nombre de Guatemala en lo más alto del planeta, al llegar a la cima del Monte Everest, a 8,848 msnm, ha vivido en los últimos años, dos de las tragedias más grandes que se han vivido en la montaña; una avalancha en 2014 en la que murieron 16 sherpas y en 2015, el terremoto en Nepal, en el que murieron más de 8,500 personas y que causó, también en el Everest, avalanchas y devastación. Hoy en día, ella se replantea sus metas y sus planes a futuro.

A wild heart 

Andrea se describe a sí misma como una niña muy caprichosa y obstinada que se transformó en una mujer sumamente perseverante. “Cuando me propongo algo de verdad lucho y lucho hasta que lo logro”. Es una persona soñadora y aventurera a la que le encanta proponerse metas y trabajar diariamente para alcanzarlas.

Cuando tenía 15 años, Andrea y su familia se fueron a vivir al lago de Atitlán y luego, cuando terminó el colegio, tenía que regresar a la ciudad para ir a la universidad. Sin embargo ella ya estaba acostumbrada y feliz de estar rodeada de naturaleza y con otro ritmo de vida. Además, ella tenía el sueño de viajar y conocer el mundo. Estos dos factores hicieron que se planteara una posibilidad distinta y empezó a aplicar a distintas universidades fuera de Guatemala. En este proceso, obtuvo una beca para estudiar en Italia la carrera de Economía en Turismo. Al terminar la carrera, empezó a trabajar en hotelería, en el área de mercadeo de una cadena hotelera muy famosa. Durante el verano trabajó en la Isla de Cerdeña, en Italia y luego se muda a la sede en Nueva York. Sin embargo, se da cuenta que ella había elegido su carrera para poder viajar, pero lo que estaba haciendo la mantenía todo el día en una oficina y frente a una computadora. “Lo que si me permitió este trabajo y que agradezco mucho es que pude ahorrar. Muchas veces no estamos en el trabajo de nuestros sueños, pero es un escalón para ir hacia ellos”.

The turning point 

Con el dinero que ahorró en su trabajo de hotelería, Andrea decidió realizar un viaje a Asia y se fue seis meses de mochilera en una aventura por la India y Nepal. “Esa experiencia cambió totalmente la perspectiva de mi vida, definitivamente yo iba en una búsqueda interior de propósito y lo encontré”. Al final de ese viaje, empieza a trabajar como operadora de turismo, haciendo investigación de nuevos destinos y luego ofreciéndolos a nivel comercial y llevando clientes a hacer ese tipo de aventura. “Gracias a ese trabajo empiezo a aprender muchísimo del mundo, de la vida y a ampliar mis horizontes mentales. En esos cinco años viajé por 45 países y ese trabajo me hacía ir dos veces al año al Campo Base del Everest. Sin embargo no me imaginaba escalando montañas”.

Cuando guiaba los viajes al Campo Base del Everest, que es una caminata de 130 kilómetros que se hace en 14 días (ida y vuelta), Andrea se preguntó qué tan difícil sería escalarlo. Estuvo considerando la idea por algún tiempo y se dijo a sí misma: “solo hay una manera que lo puedo saber y es intentándolo”. A los 25 años escaló en Nepal su primera montaña, el Isaland Peak (Imja Tse) que tiene una altura de 6,189 msnm.

“Empecé relativamente tarde. Pero cuando lo hice fue una pasión tan grande que no podía parar, porque cada montaña me ofrecía un reto distinto que vencer. Uno de los retos más constantes que yo encontraba en cada montaña era el miedo, ya fuera miedo al frío, a la dificultad técnica o miedo al fracaso de no saber si lo iba poder lograr o no. Sin embargo, es increíble en cada una haber tenido la oportunidad de superar el miedo, pues creo que ese es el reto más grande que tenemos en la vida”.

Conquering the peak 

Desde el momento que Andrea decidió que iba a intentar escalar el Everest, hasta el momento en el que estuvo lista para hacerlo pasaron 3 años, en los que tuvo que comprometer el 100% de su vida para este fin. Por lo tanto, los seis meses del año que trabajaba, guiaba solamente viajes relacionados con trekking y montañas; y los otros 6 meses se dedicaba a aprender cosas más específicas como técnicas de escalada, cómo usar el equipo, cómo funcionan las expediciones, a conocer su cuerpo en temperaturas extremas, etc.

“Tuve un proceso de escalar 14 distintas montañas nevadas, que me fueron llevando gradualmente a la meta final. Esas montañas incluían algunas de las ‘7 cumbres’ por ejemplo el Kilimanjaro, la montaña más alta de África; el Monte McKinley en Alaska, el más alto de Norteamérica; el Aconcagua en Argentina, el más alto de Suramérica; el Elbrus en Rusia, la montaña más alta de Rusia. Finalmente, el 23 de mayo de 2010 alcanzo la cima del Everest, siendo la primera mujer centroamericana en lograrlo y realmente me sentí muy orgullosa de llegar a esta meta”.

Durante su preparación para este hito, el Everest se convirtió en parte de un proyecto más grande, no en el fin último. Consiguió alcanzar las 7 Cumbres y después hizo una travesía en esquí para llegar al Polo Norte geográfico y luego al Polo Sur. “Entonces completé el Grand Slam, que es la unión de las 7 Cumbres con los dos polos. Me convertí en la única persona latinoamericana que ha logrado este reto”.

Life changes the path 

Acostumbrada a que con su gran determinación, con su equipo y con las ganas de hacer algo lograba siempre llegar a sus objetivos. El año pasado, en 2014, regresa al Everest con la meta de hacer un récord mundial, ser la primera mujer en escalar la cumbre del Everest y menos de 24 horas después, la cumbre del Lhoste. “Cuando nosotros estábamos en el Campo Base, hubo una avalancha en la montaña en la que murieron 16 sherpas, que son los guías de la región. Me di cuenta que nos hubiera podido pasar a cualquiera, pues era la ruta que todos íbamos a tomar. Además, me puse a pensar qué pasaba con las familias de estos sherpas, pues ellos trabajaban en el Everest para llevar recursos a sus casas y de un momento a otro ya no estaban. Allí empezó en mí un llamado a la concientización de ver qué esta sucediendo a mi alrededor y buscar hacer un cambio más sustancial”.

Después de vivir esta experiencia, Andrea continúa con la determinación de volver a intentarlo. Se prepara durante un año más y en 2015 regresa al Everest, con una mente muy positiva y muy segura de sí misma. “Nunca pensé que podrían haber dos tragedias tan fuertes en años consecutivos. Sin embargo, cuando estábamos en la montaña, sucede el terremoto en Nepal. Cuando pasó pensé que nuevamente se estaba yendo mi sueño y me pregunté ¿Por qué me toca una segunda prueba tan grande? Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo nos íbamos enterando de personas que estaban gravemente heridas, de miembros del equipo que habían fallecido y sherpas que habían perdido sus casas o, peor aún, a seres queridos. Esto me ayudó a poner todo en perspectiva”.

Las dos tragedias vividas en el Everest, le permitieron Andrea ver muy de cerca la fragilidad de nuestra vida y también darse cuenta que cuando se tiene la vida, se tiene todo. Así que empezó a reajustar su propósito. “Cuando vives la muerte tan de cerca, es cuando te preguntas: ¿Si yo ya no estuviera mañana, estaría de verdad feliz con lo que estoy haciendo con mi vida? ¿Sentiría que hace sentido, que me siento plena con eso? Esas son preguntas existenciales muy importantes que te llevan a cambiar a nivel sustancial, ya no solo de forma. Regresé a Guatemala viendo todo color de rosa, pues siento que me han dado una segunda oportunidad de vivir. Cuando en el día a día siento que me estoy desenfocando, me acuerdo de ese momento y que estoy viviendo una segunda oportunidad”.

A new purpose in life

Cuando logran bajar de la montaña, Andrea y su pareja, se enteran de la gran devastación que el terremoto dejó en Nepal y las tragedias que muchos de los sherpas estaban atravesando. Así que deciden documentar qué era lo que estaba sucediendo para poder compartirlo con el mundo y lograr recaudar fondos para ayudar a la reconstrucción. “Yo quiero poner mi granito de arena a un país que me ha formado tanto como persona. Yo nunca hubiera podido representar a Guatemala como lo he hecho, si no hubiera escalado el Everest y si no hubiera tenido a los sherpas que me ayudaron en ese proceso. Me siento más que en el deber de poder dar algo de vuelta. En Nepal empezó mi historia como montañista y por eso estoy organizando distintas actividades para poder ayudar”.

El corazón de Andrea Cardona, también está comprometido con Guatemala. Por eso, se ha involucrado con Alianza, una casa para refugiar a niñas que han sido víctimas de abuso sexual y de trata. “Con ellas ya he tenido la oportunidad de hacer algunas actividades recreativas, en dónde me da mucha esperanza ver como en esos pequeños momentos ellas son niñas de nuevo y se están divirtiendo, riéndose y olvidándose un ratito de su realidad. Ellas me han dado mucha fuerza, porque cuando pongo en perspectiva mis problemas, con lo que ellas están pasando, no es nada, y eso es algo que siento nos puede ayudar a todos”.

Hoy en día, Andrea está en un momento de evaluación, preguntándose qué es lo que realmente la llena y apasiona. “Me siento muy agradecida de los títulos que he alcanzado y creo que con ellos he logrado poner muy en alto el nombre de Guatemala. Ahora planeo trabajar en que puedan tener un gran impacto en otras personas. Ahora estoy en busca de algo más grande que el Everest”.


Una meta:

Las metas no son el fin, sino el medio para crecer y aprender.

Tu héroe y por qué:

Nelson Mandela, porque logró no ser víctima de la realidad que le tocó vivir en prisión y al regresar a la sociedad tuvo la fuerza y sabiduría necesaria para unir a un país dividido.

Lugares favoritos:

El volcán Acatenango, el Lago de Atitlán, la caminata al Campo Base del Everest y la isla de Bali en Indonesia.

Frase que te inspira día a día:

Hoy daré un pasito más hacia mi meta.


 Como vivió Andrea el terremoto desde el Everest

“El Campo Base está a 5,300 msnm y nosotros estábamos a 6,200 msnm cuando fue el terremoto. Luego del temblor, mientras íbamos caminando caían avalanchas, pero no fueron tan grandes como para volarnos, como sucedió en el Campo Base. En el momento del terremoto había poca visibilidad y por eso no podíamos correr hacia ningún lado. Lo único que hacíamos cuando caían las avalanchas, era agacharnos para protegernos del viento, pero no podíamos hacer mucho más. Era una experiencia demasiado fuerte, no sabíamos si se iba a abrir el hielo, si nos iban a caer las avalanchas encima, nada. Fue un momento de demasiado miedo y luego nos quedamos atrapados arriba de la montaña, pues la ruta se había destruido.

Después que pasó el terremoto, no sabíamos qué estaba sucediendo a nuestro alrededor, pero gracias a Dios a nosotros no nos había pasado nada, así que seguimos subiendo hacia el Campo Dos, ubicado a 6,500 msnm. Allí mi guía se logró comunicar a Campo Base y le informaron que éste se había destruido, que teníamos un sherpa desaparecido y que la doctora de nuestro equipo estaba gravemente herida. Después de dos horas nos informaron que todos los sherpas habían sido evacuados y que la doctora había fallecido. También nos dijeron que la ruta se había destruido, que no podríamos bajar y que la única forma de hacerlo sería que nos rescataran por helicóptero, pero que los próximos tres días habría mal tiempo. No teníamos suficientes provisiones y un miembro de nuestro equipo tenía un edema pulmonar, entonces estaba con oxígeno, pero sólo teníamos un tanque y esos duran poco. Cada vez el panorama se iba poniendo más oscuro, con más incertidumbre y más fuera de control.

Al día siguiente empezamos a buscar alrededor y nos encontramos con otras expediciones. Allí siento que se empezó a aligerar un poquito la pena. Algunos compartían la comida que tenían, otros tenían más gas para derretir el hielo y poder tomar agua (a esa altura necesitaban tomar 4-5 litros de agua al día). La carga se dividió y fue lindo ver como en los momentos de crisis la unión hace la fuerza. Todos estábamos luchando por un mismo fin, que era regresar con vida y ver qué podíamos hacer por las víctimas de esa gran tragedia.

Aunque nos habían dicho que iban a haber tres días de mal clima, después de un día hubo una ventana de buen tiempo y rescataron al compañero que le había dado edema pulmonar.

Tuvimos que bajar del Campo Dos al Campo Uno y allí vimos como habían cambiado completamente todas las rutas. Las grietas que estaban abiertas se habían cerrado, era un camino totalmente distinto. Además las piedras de hielo que habían caído de la montaña estaban por todos lados y ya con visibilidad me impresionó ver que nosotros habíamos pasado por allí y que no nos había pasado nada. Al bajar al Campo Uno el helicóptero llegó a rescatarnos y eran vuelos muy cortos de 5 minutos. Para mí fue impresionante ver que el helicóptero nos bajaba en unos pocos minutos, un tramo que nos había tomado más de 9 horas para subir.

Al llegar al Campo Base, fue impactante ver la desolación. Allí juntamos las cosas que encontramos de nuestras pertenencias y yo gracias a Dios encontré mi pasaporte. Después, como ya no teníamos Campo Base, nos fuimos a refugiar al último pueblo antes de llegar a él, que se llama Gorashep, al que gracias a Dios no le había pasado nada y donde había comida. Allí nos decían que en otros lugares como Katmandú la situación estaba muy mal, que habían miles de víctimas, que no tenían agua ni comida. Escuchábamos cosas terribles. Sentía que conforme íbamos bajando del Everest la situación cada vez estaba peor, había más destrucción”.


 Redacción: Maria Lorena Contreras

Fotografía: Javier Asturias

Maquillaje: Mónica Niederheitmann

Peinado: Eddy Uker

Locación: Pueblo Real Tecpán

Vestidos: Eduardo Figueroa y Mauricio Samayoa

Joyería: Alessa Designs

Zapatos: Steve Madden Guatemala


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